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LLEVANDO EL MENSAJE DE JESUCRISTO A TRAVÉS DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS. Cibercomunidad Minuto de Dios

jueves, 5 de julio de 2012

Pescador de hombres, Maestro de redes.

A todos nuestros amigos cibernautas, un fraternal saludo de paz y bien.

Vamos a hacer memoria. Al comenzar el Tercer Milenio, S.S. Juan Pablo II nos llamó a comprometernos en una "Nueva Evangelización": "Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión". Por aquellos días poco nos imaginábamos la forma en que esas proféticas palabras iban a aterrizar en nuestras manos y cómo, seguramente, se perpetuarán en el constante cambio cultural del hombre. Porque "Se debe evangelizar a las personas y también a la cultura”.

Esa Nueva Evangelización ahora es nuestra, la hemos hecho propia, la hemos asumido como un compromiso para llevar el mensaje de Jesucristo a las naciones… a las virtuales naciones, como lo viene asumiendo nuestra muy querida Cibercomunidad Minuto de Dios.

En las redes virtuales se encuentra la gran mayoría de las personas, la tecnología está haciendo que poco a poco todas, en cierta medida, tengan presencia en la red, creyentes o no, malos y buenos, justos e injustos (cf Mt 5,45), de esta manera se deben abrir todas las posibilidades para extender la invitación a participar de la Gloria de Dios, con nuevas formas, con nuevas estrategias, conquistando nuevos corazones, nuevas almas para el servicio del reino de los cielos, siempre cuestionándonos: ¿Cómo evangelizo yo en las redes sociales, en los medios virtuales?

No es un trabajo fácil, como muchas tareas en los caminos de Dios… “Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!” (cf Mc 10,24). Tampoco lo es la Evangelización en los medios. No es tan sencillo como reenviar, a manera de "correo no deseado” o “spam” (y en ocasiones  con un temor infundado por las palabras allí descritas) infinidad de cadenas y mensajes con promesas baldías: renvíe este correo a 10 contactos y en 7 minutos recibirás una sorpresa…Dios te ama(¿?) “No se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.” (cf 2 Ts. 2,2)

El llamado es a creer en las promesas de Dios, no en mensajes electrónicos que hace el hombre para burlarse de la espiritualidad, y aún si fuera con nobles intenciones, las promesas del Señor rara vez se manifiesta en premios que se consiguen sin esfuerzo, sin sacrificio, por tanto es necesario ponernos las botas del labriego y salir a los sembrados (cf Mt 9, 35-38), aquellos  donde el Dueño de la vida regó su semilla: nuestra familia (como iglesia doméstica) pasando por el servicio en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, abriéndonos paso por nuestros mayores círculos sociales, laborales y educativos, en fin. Se requiere tomar conciencia que aun cuando podamos encontrar las personas en las redes, en necesario siempre el trabajo de campo.

Tengamos en cuenta que en la Internet se muestra casi siempre la mejor cara de las personas. Debemos prestar pues, mucha atención, porque el Señor se encuentra por encima de las redes, Él es Pescador de Hombres, Maestro de redes… nos conoce por nuestro propio nombre, de manera que la coherencia de vida debe ser total, entre nuestro “perfil público” y nuestra “vida real”.


En su mensaje para la Jornada Mundial de Las Comunicaciones Sociales de 2011 el Santo Padre Benedicto XVI nos habla claramente sobre la comunicación y la evangelización en los medios: La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer “amistades”, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio “perfil” público.

En el mismo contexto, para el presente año, S.S. Benedicto XVI en su mensaje denominado Silencio y Palabra: camino de evangelización, nos comparte “algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado”.

Ahora bien, no se trata del silencio que guardan nuestros labios, mientras nuestras manos danzan al ritmo de teclados multicolores publicando mil palabras por minuto, compartiendo casi por su propia cuenta imágenes, pensamientos, palabras, expresiones…

En la era de las “pausas activas” se hace indispensable hacer un alto, reflexionar a conciencia, sumergirnos en las tranquilas aguas de la oración interior, lejos de monitores y cables, frente a la presencia viva del Señor, frente al misterio Eucarístico, con alma y corazón atentos, atentos al silencio que clama por nuestro servicio, porque nuestras manos realmente lleven más almas a los pies de aquella Mujer Vestida de Sol, para que por su intercesión sean conducidas a la presencia omnipotente de la Eternidad…

Atentos hermanos, de no caer en adoraciones paganas y virtuales de imágenes que “representan” a Dios. Por el contrario, adorémosle fielmente, postrados ante su real y magnífica presencia en el Sagrario, en la Hostia Sagrada, en la Sagrada Eucaristía... y todo para la mayor gloria de Dios.

El Señor les bendice en María Inmaculada.
renato

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